Pamplona tiene tres modelos de barrio. Falta uno.
La ciudad se divide en joven-rico, viejo-rico y viejo-pobre. Pero no existe el joven-pobre. ¿Dónde viven los menores de 40 sin recursos? La respuesta revela una ciudad que expulsa a su juventud vulnerable.
¿Dónde están los jóvenes en precario?
La estadística municipal no los ve, pero existen. Viven en pisos compartidos que diluyen su presencia demográfica —cuatro personas de 28 años en un piso de Rochapea no bajan la edad media del edificio si conviven con propietarios de 55—. O directamente han migrado fuera: Barañáin, Zizur, Burlada, donde el alquiler es 20-25% más barato. La ausencia del cuadrante joven-pobre en Pamplona no significa que no existan jóvenes pobres. Significa que la ciudad los ha hecho invisibles o directamente los ha expulsado.
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