200 SAT vigentes y un campo navarro adicto al cobre
Cuarenta años después del boom de las Sociedades Agrarias de Transformación, el catálogo fitosanitario navarro sigue dependiendo masivamente de compuestos de cobre
El campo navarro tiene 200 sociedades y memoria de los 80
El Registro oficial de Sociedades Agrarias de Transformación (SAT) del Gobierno de Navarra contabiliza 200 SAT vigentes. No es una cifra menor: detrás de cada código hay socios, hectáreas, naves, tractores y un proyecto colectivo que, en muchos casos, lleva más de cuatro décadas sosteniendo el medio rural navarro.
La fotografía que devuelven los datos abiertos es la de un tejido envejecido. La inmensa mayoría de las SAT que aparecen en el registro fueron inscritas en 1982: SAT Santa Engracia de Ribaforada (24 de febrero de 1982), SAT Berrueta de Etxarri Aranatz (26 de febrero de 1982), SAT Alaiza de Tudela (26 de febrero de 1982), SAT Sarda de Lerín (12 de marzo de 1982), SAT San Bartolomé y SAT El Cerco de Artajona (ambas 31 de marzo de 1982), SAT Mendigorría (31 de marzo de 1982), SAT El Soto de Berbinzana (5 de abril de 1982)… La lista sigue mes a mes hasta cerrar el otoño de aquel año con decenas de constituciones más.
Cuarenta y cuatro años después, esas mismas sociedades figuran como vigentes. El campo navarro funciona, en buena medida, con la arquitectura jurídica que se levantó en plena Transición.
Del valle del Ebro al Pirineo: una geografía desigual
Las SAT del registro dibujan un mapa que va de punta a punta de la Comunidad Foral. En la Ribera aparecen Ribaforada (SAT Santa Engracia, SAT San Blas), Tudela (SAT Alaiza), Murchante (SAT 3206 García 128), Buñuel (SAT San Antón), Cortes (SAT La Máquina), Carcastillo (SAT San Salvador) o Marcilla (SAT El Campillo). En la zona media: Artajona con dos SAT (San Bartolomé y El Cerco), Mendigorría, Berbinzana, Larraga (SAT Arga), Sesma (SAT Las Eras), Lerín (SAT Sarda) o Murillo el Fruto (SAT Santa Úrsula). En la Cuenca de Pamplona y la Montaña: Etxauri (SAT Sarbil), Vidaurre (SAT Zugordia), Salinas de Oro (SAT Zalduzpia), Ilarregui (SAT Errotaldea), Alcoz (SAT Sotoa), Garralda (SAT Iberreka) o Etxarri Aranatz (SAT Berrueta).
Esta dispersión geográfica explica una de las funciones clave de las SAT: dar forma jurídica al trabajo colectivo en pueblos donde, individualmente, ningún agricultor podría asumir inversiones de maquinaria, almacenamiento o transformación.
El abismo del capital social: de 222 a 222.000 euros
Las cifras de capital declaradas en los datos abiertos del Gobierno de Navarra son demoledoras y dibujan una desigualdad estructural dentro del propio sector cooperativo.
En un extremo, la SAT San Bartolomé de Artajona figura con 222,37 euros de capital social y 37 socios. La SAT El Cerco, también de Artajona, declara 348,59 euros con 58 socios. La SAT Mendigorría suma 288,49 euros con 50 socios. La SAT El Soto de Berbinzana aparece con 186,31 euros y 31 socios. La SAT Arga de Larraga, con sus 180 socios, declara apenas 1.370,31 euros de capital. Son SAT históricas, de base ancha, comunales, donde el capital monetario es testimonial porque el verdadero capital es la tierra y el trabajo.
En el otro extremo, la SAT La Landa de Pamplona declara 120.202,42 euros con solo 3 socios. La SAT San Salvador de Carcastillo suma 173.031,38 euros con 7 socios. La SAT 3206 García 128 de Murchante llega a 160.000 euros con 4 socios. La SAT Sarbil de Etxauri registra 32.400 euros con 4 socios. Son SAT compactas, intensivas en capital, con perfil de empresa agroindustrial.
La ratio habla por sí sola: en Artajona, un socio de SAT San Bartolomé aporta 6 euros de media. En Pamplona, un socio de SAT La Landa aporta 40.067 euros. Mismo registro oficial, mismo marco jurídico, dos mundos.
El campo navarro tiene un problema: depende del cobre
El segundo dataset, el de Fitosanitarios para protección de plantas y cultivos publicado por el Gobierno de Navarra, recoge 200 entradas del vademécum oficial. Y al revisarlo aparece una constante que duele: el campo navarro combate las enfermedades fúngicas y bacterianas con cobre, cobre y más cobre.
Para el almendro —cultivo en plena expansión en la Ribera y la zona media—, el catálogo recomienda contra la monilia (podredumbre parda) seis tratamientos basados en cobre: sulfato cuprocálcico (cobre 20%), hidróxido cúprico + oxicloruro de cobre (cobre 27,2%), oxicloruro de cobre al 38%, al 50%, al 52% y al 70%. Para el cribado o perdigonado (Coryneum beijerinckii), exactamente los mismos seis compuestos cúpricos. Para la lepra o abolladura (Taphrina deformans), otra vez los mismos seis. Para la mancha bacteriana de los frutales de hueso (Xanthomonas arboricola pv. Pruni), la lista vuelve a empezar por sulfato cuprocálcico, hidróxido cúprico y oxicloruros.
Contra el oídio (Sphaerotheca pannosa) del almendro, el vademécum oficial ofrece tres alternativas: azufre 80% WG, Bacillus amyloliquefaciens cepa D747 y carbonato de hidrógeno de potasio 85%. Contra los nematodos agalladores (Meloidogyne spp), una sola opción: Paecilomyces lilacinus cepa 251. Contra el fusicoccum (Fusicoccum amygdali), una entrada: óxido cuproso (cobre 50%).
Es decir: cuando aparece una enfermedad fúngica del almendro en Navarra, el catálogo oficial pone al agricultor delante de la misma molécula —el cobre— en seis presentaciones distintas. Cuando la enfermedad es bacteriana, lo mismo. Cuando es vírica o por nematodos, una sola alternativa biológica.
Un monocultivo químico en un campo que pide diversidad
La dependencia del cobre no es anecdótica. La Comisión Europea lleva años discutiendo limitar su uso porque se acumula en el suelo, afecta a la microfauna y dificulta el tránsito hacia una agricultura realmente regenerativa. El propio dataset navarro reconoce esa preocupación al incluir, junto al cobre, alternativas biológicas como Bacillus amyloliquefaciens subesp. plantarum cepa D747 25% WG y Paecilomyces lilacinus, pero su presencia es residual frente al peso del cobre en el catálogo.
El tipo de producto registrado en el vademécum aparece marcado mayoritariamente como "E" (uso ecológico autorizado), lo que demuestra que los compuestos cúpricos están encajados también en la producción ecológica. El campo navarro ecológico, paradójicamente, también es un campo cobre-dependiente.
La doble cara: SAT envejecidas, química anclada
Unir los dos datasets cuenta una historia incómoda. Navarra tiene 200 SAT vigentes, en su mayoría fundadas hace más de 40 años, que sostienen el grueso del trabajo cooperativo en localidades como Artajona, Mendigorría, Ribaforada, Tudela, Carcastillo o Etxarri Aranatz. Y al mismo tiempo cuenta con un vademécum fitosanitario oficial donde, cultivo a cultivo, enfermedad a enfermedad, la primera —y a veces única— respuesta es un compuesto de cobre que la UE quiere reducir.
No es solo un problema técnico. Es un problema de soberanía agrícola: ¿qué pasará con la SAT San Bartolomé de Artajona, con sus 37 socios y 222 euros de capital, el día que el cobre se restrinja y no haya alternativas validadas para sustituirlo? ¿Qué hará la SAT Arga de Larraga con sus 180 socios? ¿Y la SAT Mendigorría con sus 50?
Propuesta: un plan SAT-2030 y un vademécum sin monocultivo químico
Los datos abiertos del Gobierno de Navarra permiten plantear dos exigencias concretas. Primera, un plan público de actualización de las SAT con más de 40 años de vigencia —son la mayoría de las 200— que combine relevo generacional, capitalización y fusión cuando proceda; las SAT con menos de 1.000 euros de capital y más de 30 socios no son viables en 2026 sin un acompañamiento institucional explícito. Segunda, un programa foral de diversificación fitosanitaria que multiplique las alternativas biológicas en el catálogo —hoy reducidas a Bacillus amyloliquefaciens, Paecilomyces lilacinus, azufre o carbonato de hidrógeno de potasio— para que cuando el cobre se restrinja, los agricultores de Ribaforada, Murchante o Almendro de la Ribera no se queden con el campo en pie y el armario fitosanitario vacío.
Las 200 SAT vigentes y las 200 entradas del vademécum son la radiografía de un campo navarro que aguanta. Pero aguantar no es lo mismo que prepararse.
"En Artajona, un socio de SAT San Bartolomé aporta 6 euros de capital de media. En Pamplona, un socio de SAT La Landa aporta 40.067. Mismo registro, dos mundos."
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